lunes 4 de julio de 2011

October Equus: "Saturnal" (Altrock, 2011)



Lo primero que a uno se le viene a la cabeza tras realizar varias escuchas del último trabajo de October Equus, es la enorme cantidad de trabajo que ha sido necesario para que nosotros lo estemos disfrutando en nuestro equipo de música. En primer lugar, el trabajo de Angel Ontalva y Victor Rodriguez para componer las trece piezas que componen el disco, de una complejidad considerable y que tienen la virtud (y como no, la dificultad añadida) de comprimir en 4 o 5 minutos temas que podrían haber durado el doble o el triple debido a la cantidad de información que contienen. En segundo lugar, el trabajo de la banda al completo para interpretar unas composiciones de este calibre y conseguir un sonido propio, tremendamente compacto. En este tercer disco, la banda se aleja más de las bandas que le han influenciado, consolidando un sonido característico, encuadrado dentro de lo que denominamos RIO, pero de una gran personalidad. De hecho, hay momentos en los que los diversos instrumentos están tan bien coordinados que consiguen un único sonido, que parece provenir de una única fuente de sonido, y no de siete. Todo esto es aún más difícil de conseguir cuando hay dos nuevos miembros que han entrado en la banda una vez ya compuesto los temas del disco, el violonchelista Pablo Ortega y el saxofonista Alfonso Muñoz, al que muchos conocemos por su trabajo en Planeta Imaginario. Esto requiere un gran esfuerzo no sólo por parte de los recién llegados, sino también por parte del resto de los músicos y sobretodo de los compositores, que tienen que adaptar su obra para añadir los nuevos instrumentos. Además, poco antes, había ingresado en la banda un nuevo baterista, Vasco Trilla, también de la banda Planeta Imaginario y uno de los mejores de la escena progresiva nacional, que ha conseguido adaptarse muy bien al sonido de October Equus y tocar de una forma excepcional. En tercer lugar, el trabajo de Amanda Pazos para crear una base rítmica consistente junto a un baterista de la calidad de Vasco y para realizar la mezcla de un disco de semejante envergadura, y el de Fran Mangas para compartir su papel solista con otro saxofonista, y juntos crear bases más densas y profundas. Y en cuarto y último lugar, el trabajo de Ángel a la hora de crear un libreto de 12 páginas repleto de dibujos originales de una calidad altísima, con una de las mejores portadas que he visto en mucho tiempo, y naturalmente, crear unas bases sonoras con su guitarra sobre las que se asientan buena parte del sonido característico de la banda. Lo más grande es que todo este trabajo se hace por amor al arte, sabiendo que muy probablemente, no habrá una recompensa económica, lo que hace que aún tenga más valor. Por todo esto, lo mínimo que los oyentes les debemos es hacer un esfuerzo al escuchar el álbum, esfuerzo, por otro lado, totalmente indispensable a la hora de valorarlo en su justa medida.


Respecto al disco en sí, sólo escuchar la primera pieza, “Estructuras primitivas en el Crepúsculo” (4’38), escrita por Victor, y una de las mejores del disco, nos percatamos de los que nos espera. Melodías oscuras y complejas, ritmos cambiantes, atmósferas fantasmales de teclado, bonitas combinaciones de piano y violonchelo, con destellos de saxos y un fantástico trabajo de guitarra. Otra cosa que me encanta de la música de October Equus son las partes obsesivas, como la que caracteriza la maravillosa y pegadiza composición de Ángel, “El Furioso Despertar del Homúnculo Neonato” (3’19). El ensamblaje de los instrumentos es perfecto, con pequeños solos de saxo y guitarra, y una sección rítmica limpia y muy activa. El toque “cinematográfico” del disco lo pone Victor con “Una Mirada Furtiva en la noche Saturnal” (7’04), pieza densa, con una guitarra dramática y un ambiente magnífico con nuevos detalles que se van descubriendo en cada escucha. Tras una pequeña e interesante miniatura, “Ingravidez” (1’11), Ángel nos sorprende con otra de las grandes piezas del álbum, “Llegó Como un Amanecer Ardiente” (3’29). ¿Como se puede decir tanto en tan poco tiempo?. La base de guitarra es aplastante, las melodía de los vientos maravillosa, los detalles de órgano y teclados en general muy acertados, y me encanta la base rítmica. Después, Victor nos ofrece primero una pieza tranquila, de gran belleza, “Realidad Ciega” (2’59), regalándonos después otro de los grandes momentos de “Saturnal”, “Avanzando Velozmente Contra el Viento Lacerante” (3’19), en la que consigue, con sus teclados, la sensación que nos quiere dar a entender el título (o más bien al contrario, ya que el título fue sugerido tras grabar la pieza). Preciosas figuras de guitarra y saxo y un pequeño momento de locura de los dos saxofonistas que, reconozco, me hubiera encantado que fuera más largo. Le siguen dos nuevas miniaturas de Ángel, “Un Mundo de Sueños Abstractos” (0’46) y “No Pudieron detener el Silencio” (1’42), que nos llevan hasta una de sus mejores piezas, “Sutiles Ecuaciones Vivientes” (6’01), de una complejidad considerable e infinidad de partes diferentes, donde destaca una preciosa melodía de guitarra acompañada a la perfección por los vientos. Victor es el encargado de componer el tema corto que más me gusta del disco, “Ella era Invisible a la Oscuridad” (1’11), donde Ángel le imprime un sonido oriental, realmente bonito, a la guitarra. Le sigue “¡Abre los Ojos!” (4’45), otra pieza de Victor, de gran fuerza y donde me gusta especialmente la batería de Vasco y algunos momentos de guitarra. Pero lo mejor está aún por llegar. Para terminar el disco, la banda ha elegido el que quizás es el tema que más me gusta de toda su carrera, la composición de Ángel Ontalva “Último Refugio” (5’32). Me encanta como se combinan el teclado y la guitarra tanto al principio del tema como al final, el papel de Pablo al violonchelo, el precioso solo de guitarra sobre una dinámica base de bajo de Amanda, la inquieta batería de Vasco, pero sobretodo, me parece excepcional la melodía central, de una belleza y una inspiración sobresalientes, interpretada tanto por los vientos como por la guitarra, que nos deja un magnífico sabor de boca cuando termina el disco.
October Equus no es una banda de largos solos, por lo menos en sus trabajos de estudio. Su música, para los que disfrutamos de enormes solos de saxo y largos desarrollos, suena en ocasiones algo contenida, pero es de una precisión y una belleza indiscutibles. Con “Saturnal”, la banda ha alcanzado un nivel altísimo, no solamente dentro del panorama nacional, sino a un nivel global, y creo sinceramente, que con esta formación o cualquier otra, les queda mucha buena música que ofrecernos en el futuro. Pero estamos en el presente, así que escuchad con atención este disco y descubriréis que tenemos aquí mismo, en nuestro pais, a algunos de los grandes músicos de este estilo.

Francisco Macias

lunes 30 de mayo de 2011

Curlew (2º parte). 1993-2002.


En 1994, George Cartwright publica su primer disco en solitario, "Dot", practicamente instrumental, pero con algunas piezas vocales (aunque ya había publicado con anterioridad algunos proyectos con el clarinetista Michael Lytle). Buscando un sonido diferente al de Curlew, recluta a la bajista Sue Garner, al baterista Sam Bennett, al guitarrista Chris Cochrane, al organista Evan Gallagher y a la acordeonista Anne deMarinis, contando, además, con la colaboración de otros músicos y amigos muy importantes en la escena neoyorquina del momento.
El álbum se abre con "Sandy Point" (4'22), tema sustentado sobre un pesado riff de guitarra, con una batería algo tribal y desgarrados pasajes de saxo tenor. El estribillo tiene un cierto aire sesentero. Le sigue "Gibbon" (4'23), otro buen tema con un riff de acordeón como base y un ritmo entrecortado muy al estilo de Curlew. La melodia de saxo se ve interrumpida por un solo de guitarra, donde Cochrane nos recuerda a Davey Williams, y otro fantástico de saxo alto con el órgano en segundo plano. Continuamos con la preciosa "A Black And Boiling Lie" (3'39), en la que colabora Zeena Perkins al órgano y al acordeón, Hahn Rowe al violín y Jim Spake al saxo barítono. Un tema optimista lleno de colorido, y donde destaca el solo de violín, con el apoyo del acordeón y el saxo barítono y una buena sección rítmica. Mucho más solemne resulta "Dyed" (3’34), composición dedicada al padre de Cartwright, y que me resulta algo aburrida. Con "Jaketown" (4'32) vuelve el tono optimista, con el acordeón como protagonista. En general, es una pieza algo repetitiva. Una especie de mantra de acordeón da paso a "Momosafe" (4'41), cuya melodia de saxo, con interludios de guitarra y acordeón, nos devuelve a la música de Curlew. Lo mejor, el solo de saxo tenor sobre una bonita base de acordeón y bajo. ¡Fantástico!.
Con "The Raw Bird Sanctuary" (3'55) llegamos a uno de los momentos más intimos del disco y a las primeras partes vocales. La letra está extraida de un poema de Paul Haines y está interpretada por Ann Rupel a la voz, acompañada por Myra Melford al piano. ¡Preciosa!. Otra pieza vocal es "Fainting" (4'36), en la que la melodia vocal y la letra fueron escritas por Chris Cochrane y muy bien interpretada por Sue Bennett, que en algunos momentos, y salvando las distancias, me recuerda a Julie Driscoll. Está acompañada por el órgano de Zeena Perkins, detalles de saxo barítono de Jim Sparke y naturálmente, la sección rítmica de la que ella forma parte. Cartwright participa con un buen solo de saxo alto. Le sigue "One Good Secret" (8'28), interpretada en formación de cuarteto con Cartwright al saxo tenor, Myra Melford al piano, Brad Jones al contrabajo y E.J. Rodriguez a la batería. Es la pieza más cercana al jazz, con toques "free", del disco. La actuación de los cuatro músicos es fantástica, aunque yo me quedo con la de Melford al piano. "Baby" (2'48), es otro bonito tema vocal interpretada por Sue Garner a la voz, Myra Melford al piano y Will Rigby a la batería, que da paso a "No No No No Nee" (5'15), ultimo corte del disco, interpretada en formación de cuarteto, con Cartwright al saxo tenor, Rand Everett a la guitarra, Bruce Golden a la batería y Tim Lee al bajo. Estamos ante una pieza practicamente improvisada, con una base repetitiva sobre la que discurre el saxo y la guitarra. En definitiva, "Dot" se desmarca de la música que Cartwright hace con Curlew, pero las similitudes siguen siendo mayores que las diferencias, ya que el sonido que el saxofonista imprime en sus canciones y sus melodias son similares en todas sus facetas. Aun así, estamos ante un buen disco que gustará a los amantes de la banda neoyorquina.

En 1995, Curlew tiene una nueva formación. George Cartwright sigue al frente de la banda, como saxofonista y principal compositor, acompañado de sus viejos compañeros Davey Williams a la guitarra y Ann Rupel al bajo, y dos nuevas adquisiciones, Chris Cochrane a la guitarra, y Sam Bennett a la batería y percusión, que ya habían trabajado con él en su primer trabajo en solitario, "Dot" (1994). En este mismo año graban su nuevo trabajo, "Paradise" en los Crosstown Studios de Memphis bajo la supervisión de Rusty McFarland, y el resultado es un álbum que teniendo el sello inconfundible de Curlew, está más enraizado en el blues y el rock, con cierto aire sureño. La marcha de Tom Cora y su sustitución por un segundo guitarrista influye en el cambio de sonido, que pierde en parte su caracter vanguardista, aunque sin olvidar los elementos que han hecho de ellos una de las bandas más importantes del Downtown neoyorquino.
El disco se abre con "Gimmie" (4'56), compuesta por Ann Rupel, que consiste en una pegadiza melodia de saxo sobre un ritmo de shuffle. Buen solo de Cartwright, detalles de saxo barítono a cargo de Jim Spake, que participa como invitado y al que ya conocemos por su participación en "Dot", y una buena actuación de las guitarras, que durante todo el disco invaden los dos canales de sonido, Williams por la derecha y Cochrane por la izquierda. Esto obliga al oyente a escuchar el disco de forma atenta y frente a un buen equipo, ya que en un ordenador o en cualquier aparato que tenga los altavoces juntos no se puede disfrutar de estos detalles. Esto se nota todavia más en la siguiente pieza, "Big Stan" (4'47), compuesta por Davey Williams, y en la que podemos escuchar a los dos guitarristas haciendo dos solos diferentes, de forma simultanea, cada uno en su canal, encuadrado en un tema optimista, con la guitarra y el saxo haciendo la melodia principal, y que cuenta además con un buen solo de saxo tenor. Con "Dream of Rain" (6'50) entramos de lleno en las composiciones de George Cartwright. Es una pieza pausada, repleta de detalles, con melodias poco habituales pero de gran belleza, sutiles cambios de ritmo con aires jazzeros y una sección rítmica muy presente. Me gusta mucho el solo de guitarra de Cochrane por el canal izquierdo, mientras que en el derecho suena después la otra guitarra y el saxo. ¡De lo mejor del disco!.
Seguimos con "The Popeye Hole(1967)" (6'56), con una melodia muy inocente, infantil, de saxo, con detalles de barítono y guitarra. Fantástico el solo de guitarra de Davey Williams y el de saxo tenor de Cartwright. Un riff de saxo intermitente nos introduce en "The Holy Goof" (5'17), con las guitarras como protagonistas, seguida de "Paradise" (6'03), en la que el motivo central de saxo está apoyado por percusiones y guitarra. Me gusta mucho el solo de saxo barítono y la utilización de los canales de sonido en los solos de guitarra. Cuando Williams hace el suyo por el canal derecho, los saxos se situan en el izquierdo, y cuando es Cochrane el que hace el solo, los saxos cambian de canal. Una pieza magnífica, que da paso a "Kangaroo" (6'19), donde encontramos de nuevo una de esas melodias que tanto gustan a George Cartwright, interpretada con dos saxos, y en el que Williams hace un tremendo solo de guitarra, con los saxos apoyándolo, y una destacable sección rítmica. La última composición de Cartwright del disco es la fantástica "Last Day" (2'38), con un atractivo ritmo sincopado,sobre el que se desarrolla un sugerente solo de saxo tenor, acompañado por efectos de guitarra. Ann Rupel es la responsable del siguiente corte, "Cowboy Mouth" (2'24), un tema lento, atmosférico, con pausas entre las notas y muchos efectos. Para terminar, un buen tema vocal de Chris Cochrane, "Postcard" (2'40), que cuenta con un bonito principio de saxo y bajo. En lineas general, un buen disco que marca el principio de una nueva etapa para la banda.


A finales de 1997, el baterista Sam Bennet es sustituido por Kenny Wollensen, que en aquel momento formaba parte de los Electric Masada de John Zorn, y el nuevo quinteto publica, en 1998, su nuevo trabajo "Fabolous Drop". El disco comienza con "August" (7'46), una gran composición de Cartwright, que tiene un principio precioso, algo misterioso, con batería, saxo y guitarra, dando paso a un ritmo de bajo sobre el que el saxo y la guitarra interpretan la melodia principal. El saxo alto y el tenor suenan a la vez, y además podemos disfrutar de dos bonitos solos de guitarra fantásticos, primero el de Chris Cochrane por el canal izquierdo y después el de Davey Williams por el derecho. Me parece genial el final, con el saxo totalmente loco sobre el solo de guitarra y jugando con los canales. Curiosamente, y siendo algo muy subjetivo, el ambiente de estos últimos momentos me traé a la memoria el álbum "Islands" de King Crimson. Chris Cochrane es el responsable del siguiente tema, "Not Innocent" (2'37), un pieza corta e intensa, con un ritmo algo punk, y solos bastante libres de saxo y guitarra, con muchos efectos. Me recuerda al sonido de algunos temas de los Naked City de John Zorn. Continuamos con "Blood Meridian" (5'18), tema de George Cartwright que comienza con las dos guitarras interactuando sobre un hipnótico ritmo. Me encanta la melodia entrecortada de saxo, y después el fabuloso solo de guitarra de Williams y el solo de saxo, de aires "free", con una base de bajo y batería muy profunda, repleta de fuerza y que llena de solemnidad la parte final. ¡Genial!. Mucho más rockera es "Crazy Feet, Sensible Shoes" (3'35), compuesta por Davey Williams. Rápida, repleta de efectos, con una base ritmica cruda y un bonito solo de saxo tenor. Le sigue "Fabolous Drop" (5'26), un desenfadado tema de saxo, con interludios de bajo y percusión y de las dos guitarras sonando a la vez sobre una fantástica sección rítmica. Lo mejor, el solo de saxo final, con apoyo de guitarra y con Wolleson en estado de gracia. A ritmo de reggae comienza "Argon" (5'35), donde Cartwright combina partes melódicas de saxo con otras más libres y enrevesadas, y donde los guitarristas hacen una gran labor de apoyo, cada uno en su canal. Ann Rupel, cuyas composiciones suelen gustarme mucho, es la encargada de escribir la pieza más aburrida del disco, "Neither,Baby" (3'41), que tiene un cierto aire a club nocturno, y que consiste basicamente en un ritmo constante, con piano ( interpretado también por la bajista), saxo y efectos. Cartwright vuelve a la carga con "Funny Fun" (4'19), con un ritmo sincopado y melodia de saxo entrecortada, acompañada por la guitarra de Williams por el canal derecho. Me encanta la solidez de la sección rítmica, el solo de saxo con las guitarras de fondo, y sobretodo, el solo final de Cochrane, curioso, raro, y a la vez de gran belleza, con Ruppel creando unas bonitas figuras con el bajo. Y para terminar, "Dog House On the Moon" (3'50), otra desenfadada pieza de Cartwright, de aires caribeños, con la guitarra y el saxo como protagonistas.
En general, "Fabolous Drop" tiene un sonido más denso y profundo que "Paradise", sobretodo en la primera mitad del disco. Si hablásemos de un vinilo en lugar de un Cd, la primera cara del mismo sería mucho mejor que la segunda (y una de las mejores caras de su discografía), pero también es verdad que esas melodias alegres y esos ritmos desenfadados que encontramos en algunos de los temas de lo que sería la segunda cara, son otro de los elementos característicos del sonido de la banda a través de los años.


Tras la publicación del disco, Cartwright comienza a trabajar en el que sería su segundo álbum en solitario. Para ello, decide vover en parte a la formula de "A Beatiful Western Saddle", y contar de nuevo con la vocalista Amy Denio y con los poemas de Paul Haines. El resultado es un gran trabajo titulado "The Memphis Years", publicado en el año 2000, en el que el trio protagonista está acompañado por los saxofonistas Jim Spake y Lawrence Miller, el pianista Chris Parker, el baterista Doug Garrison, los bajistas Kevin Sheehan y Tim Goodwin, Tom Clary al fliscorno y la colaboración del guitarrista Davey Williams y el trompetista Scott Thompson. El álbum se abre con "Surprise! Surprise!" (4'10), una pieza vocal al más puro estilo "A Beatiful Western Saddle", donde destaca el bonito solo de trompeta con acompañamiento de piano y la repetitiva estrofa vocal. Le sigue "Some Nuance" (5'52), que comienza de forma pausada, con piano, contrabajo y batería, con un sentimiento muy jazzístico, seguido de la parte vocal, y un fantástico solo de piano, con una sección rítmica dinámica e imaginativa y unos buenos arreglos de viento. El viaje continua con "The Please fasten Your Seatbelt Sign" (5'22) donde contrasta el principio vocal de Amy Denio "a capella", lánguido, apagado y de gran belleza, con el posterior pasaje, compuesto por un pegadizo ritmo con el saxo soprano de protagonista y cacofonias producidas por el resto de los vientos, acercándose a terrenos "free", donde la sección rítmica destaca cada vez más. ¡Impresionante!. La primera composición instrumental de Cartwright en el disco es "Sleepers Awake To Singing Snakes (5'06), que comienza con batería y percusión, a los que se añade una sugerente línea de bajo, piano y poco a poco, la sección de vientos, combinándose magistrálmente. Continuamos con "J'acuzzi" (4'06), que se compone de una bonita y repetitiva línea vocal, construida sobre un cadente ritmo de piano y apoyo de los vientos, destacando el solo de saxo barítono de Jim Sparke. Pero lo mejor está aún por llegar. Me refiero a "Coffe and Pie" (10'18), un corte instrumental sobresaliente. Desde el principio es Lawrence Miller el que coge las riendas con su saxo tenor, interpretando la melodia principal y realizando un precioso solo. El acompañamiento de la sección rítmica y de los otros vientos es formidable, sobretodo durante el posterior solo de piano de Chris Parker. ¡Me encanta!. Un solemne principio de piano nos introduce en "In Serious Veins" (6'36), que combina partes nostálgicas con otras más optimistas, y que da paso a "He Who'd Ask" (2'30), una pieza alegre, con un buen piano y buenos saxos. La siguiente pieza, "Clumsy" (4'27), es mucho más misteriosa, destacando el piano y los saxos en la segunda mitad del tema. Con "Made Idea" (8'21) llegamos a otro de los grandes momentos del disco. Totalmente instrumental, comienza con una fantástica introducción de piano y fliscorno, entrando más tarde el contrabajo y la batería. Totalmente alucinante resulta el solo de fliscorno, el acompañamiento del piano, los saxos y la sección rítmica, el cambio de ritmo y el solo de guitarra de Williams con los vientos como orquesta y todas las partes improvisadas de piano, bajo, batería. ¡Formidable!. Tras este temazo, repleto de jazz y de imaginación, llega una pieza mucho más ligera, algo ingenua, "Fluffypie and Warrior" (4'07), que nos lleva hasta el gran final, "Zero Street" (11'33), composición instrumental, al igual que las dos anteriores. La primera parte del tema es pausada, enigmática, con notas distantes de piano, toques de fliscorno y saxos y una misteriosa batería, a los que después se le añaden sonidos de guitarra y contrabajo tocado con arco. De repente, parece que comienza un nuevo tema, mucho más rítmico y pegadizo, con los saxos actuando como una orquesta. Me gusta mucho el solo de fliscorno, y en general, todo lo que lo acompaña, hasta llegar al solo final de Cartwright. Un buen final para un disco notable, muy diferente tanto a su primer álbum en solitario como los trabajos de Curlew que lo rodean, repleto de buen jazz, grandes arreglos e imaginativas improvisaciones, que se combinan muy bien con las partes vocales y las más características del sonido Curlew.


En 2002 la formación de Curlew ha vuelto a cambiar. George Cartwright y Davey Williams siguen al frente del grupo, pero ahora la sección rítmica está compuesta por Fred Chalenor al bajo y Bruce Golden a la batería, y en lugar de un segundo guitarrista, volvemos a encontrar un teclista en la banda, Chris Parker, que habitualmente toca el piano acústico, aunque a veces también utiliza el piano eléctrico Wurlitzer. Con esta nueva alineación, Curlew publica "Meet The Curlews!" a finales de año. Sabemos que esta misma formación llevaba casi dos años tocando juntos en directo gracias a la actuación que tuvo lugar en julio de 2001 en Minneapolis, totalmente improvisada, y recogida en el LP ”Gussie”, nunca editado en Cd. “Meet The Curlews” es, en mi opinión, el disco más flojo de toda su carrera. Cada miembro tiene espacio a la hora de componer, aportando cada uno un tema, siendo Cartwright el que se encarga del resto. En general, me resultan algo insulsas, aunque hay piezas interesantes, como "Space Flight Cat" (3'18), de Fred Chalenor, "Cold Ride" (5'42), de Chris Parker, o las composiciones de Cartwright, "Lemon Bitter" (6'48) o "MIddle and Fall" (5'40). Respecto al sonido del disco y la ejecución de los temas, echo de menos a Ann Rupel, que tenía una forma muy peculiar de tocar el bajo, Wiiliams y Cartwright me parecen menos inspirados, Golden cumple su papel a la batería y Parker, aunque buen pianista, tiene aquí a veces un estilo cercano al "mainstream" que no tenía en el álbum de Cartwright "The Memphis Years", restando fuerza en ocasiones a los temas. Naturálmente, este es un disco de Curlew, y por lo tanto tiene partes interesantes, como la última parte de saxo y piano de "Late December" (7'02) (o la interpretación que Parker hace de ella en "Late December -Reprise", con el piano solo), la tensión de la sección rítmica y el buen papel del saxo y el piano en "Cold Ride" (5'42), la guitarra de Williams en "Middle and Fall" (5'40), o las partes de piano, más cercanas al jazz, en "Barn Door" (5'48) o "Meet the Curlews" (6'47).

Aquí termina esta segunda parte del artículo sobre Curlew, que al final tendrá una tercera entrega, debido a la idea de última hora de comentar también los trabajos de Cartwright al margen de la banda.



Francisco Macias

lunes 16 de mayo de 2011

Carla Bley: "Escalator Over The Hill" (1972)



INTRODUCCIÓN


Ya han pasado varios años desde la primera vez que pensé en hacer un artículo sobre este disco, pero siempre me preguntaba si sería capaz de describir con palabras semejante maravilla. “Escalator Over The Hill” trasciende a cualquier estilo o género. Encuadrado en el mundo del jazz, entra sin compasión en el mundo del rock, en el de la música de cabaret, en la música oriental, en la clásica, etc…¿Es quizás mi disco favorito? . Muchas veces lo he pensado, y aunque es muy difícil elegir un solo álbum de entre todos los que hay, está claro que esta “ópera” (como los mismos autores se refirieron a ella en alguna ocasión, aunque realmente no lo sea), es una obra maestra absoluta y ha sido muy importante para mí.

GÉNESIS


Carla Bley es una de las mejores compositoras de jazz de los últimos 40 años, además de pianista, organista y vocalista ocasional. Nacida en Oakland, California, en 1938, y bautizada como Carla Borg, se cria en un ambiente musical y religioso y desde muy pequeña participa tocando el piano y cantando en el coro en muchas ceremonias. A mediados de los´50, interesada en el jazz, se traslada a Nueva York, donde sobrevive tocando el piano en clubs y vendiendo cigarrillos, hasta que conoce al que sería su marido, el conocido pianista canadiense Paul Bley. Este le anima a empezar a componer música para su banda, y juntos comienzan una profunda relación tanto musical como personal. En 1964, Carla, el que sería su segundo marido poco después, el trompetista Michael Mantler y otros músicos forman la Jazz Composers' Guild Orchestra que después pasaría a ser la Jazz Composers' Orchestra Association (JCOA). Con estas formaciones, de naturaleza inquieta e innovadora, Carla madura como compositora, destacando los temas de “A Genuine Tong Funeral”, que sería adoptado por el vibrafonista Gary Burton y publicado en 1967, con la colaboración de varios miembros de la Jazz Composer’s Orchestra, o las piezas que compuso para el primer álbum de la Liberation Music Orchestra de Charlie Haden, publicado en 1969.
A principios de 1967, el poeta Paul Haines, le envió un poema a Carla Bley, que estaba trabajando en la composición "Detective Writer Daughter" ( que después formaría parte de la obra que nos ocupa). Las lineas de Haines iban a la perfección con la música que Bley había compuesto, y de esta forma decidieron escribir una especie de "ópera" juntos, aunque Haines vivia en Nuevo Mexico y prontó se trasladó a dar clases a La India. Bley, a raíz de la sorpresa que le causó la aparición de “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles, ya tenía pensado grabar, como disco debut, un álbum conceptual. Durante tres años Haines continuó enviando sus textos para que Carla Bley les pusiera música. Estos escritos no tienen un significado muy claro, lo que hace que el libreto de la obra sea de difícil comprensión. Aunque la trama se desarrolla en un hotel, y las letras son puestas en boca de algunos de sus clientes, no hay una intencionalidad de crear una trama que pueda seguirse, lo que seguramente hizo que en lugar de utilizarse la palabra “Ópera” al publicarse el disco, se utilizara el término “Chronotransduction”, creado por una amiga de Haines, y de difícil traducción. Luego llegó el momento de buscar al personal que tenía que interpretar la obra. En un principio, no fue una tarea difícil, ya que tanto Bley como su marido el trompetista Michael Mantler pertenecian a la Jazz Composer´s Orchestra, y tenian alrededor a gente como Roswell Rudd, Charlie Haden, Gato Barbieri,etc..., pero había que buscar también vocalistas. A esto se le añadía la complicación de buscar financiación para el proyecto, ya que las negociaciones con algunos sellos no funcionaron, y decidieron crear su propia discográfica, JCOA (Jazz Composer Orchestra Asociacion), para publicar el disco. La primera inyección de dinero provino de Sherry y Sue Speeth, amigos de Paul, que donaron 15.000 dolares. A esta le siguieron otras pequeñas donaciones de otros amigos, pero el dinero no alcanzaba para finalizar la obra, así que se decidió utilizar a algunos músicos que no cobraran por su participación, naciendo así la "Amateur Hotel Lobby Band", compuesta por músicos no profesionales. Un prestamo final de 30.000 dolares en junio de 1971, permitió la finalización de la obra.


MÚSICOS

Al final, la obra contó con la participación de más de 50 músicos y vocalistas divididos en varios orquestas y formaciones.


Orchestra (& Hotel Lobby Band)

• Carla Bley (piano)
• Jimmy Lyons (saxo alto)
• Gato Barbieri (saxo tenor)
• Chris Woods (saxo barítono)
• Dewey Redman (saxo alto en “Little Pony…”)
• Michael Mantler, Enrico Rava (trompetas)
• Roswell Rudd, Sam Burtis, Jimmy Knepper (trombones)
• Jack Jeffers (trombón bajo)
• Bob Carlisle, Sharon Freeman (trompas)
• John Buckingham (tuba)
• Perry Robinson (clarinete)
• Nancy Newton (viola)
• Karl Berger (vibráfono en “Liitle Pony…”)
• Charlie Haden (bajo)
• John McLaughlin (guitarra)
• Paul Motian (batería)
• Roger Dawson (congas)
• Bill Morimando (campanas, celeste)


Jack's Traveling Band

• Carla Bley (órgano)
• John McLaughlin (guitarra)
• Jack Bruce (bajo)
• Paul Motian (batería)




Desert Band

• Carla Bley (organo)
• Don Cherry (trompeta)
• Souren Baronia (clarinete, dumbec)
• Leroy Jenkins (violin)
• Calo Scott (violonchelo)
• Sam Brown (guitarra)
• Ron McClure (contrabajo)
• Paul Motian (percusión, dumbec)

Original Hotel Amateur Band

• Carla Bley (piano)
• Michael Snow (trompeta)
• Michael Mantler (trombón de válvula)
• Howard Johnson (tuba)
• Perry Robinson, Peggy Imig (clarinete)
• Nancy Newton (viola)
• Richard Youngstein (bajo)
• Paul Motian (batería)

Phantom Music

• Carla Bley (organo, celeste, calliope)
• Michael Mantler (piano preparado)
• Don Preston (sintetizador Moog)



Vocalistas Principales


-Jack Bruce: “Jack”. Fue una de las primeras opciones de Carla Bley, y un gran acierto. En este disco, canta mejor que nunca.

-Tod Papageorge: ”Cecil Clark”. Vocalista aficionado, es en realidad el fotografo de las sesiones de grabación.

-Linda Ronstadt: “Ginger”. Esta cantante norteamericana no era todavía tan conocida como llegaría a serlo unos años después, pero ya había cosechado algún que otro éxito con algunos de sus singles.

-Jeanne Lee: “Ginger II”. Fantástica vocalista y compositora de jazz norteamericana.

-Don Preston: “Doctor”, “Lion”. Miembro de los Mothers Of Invention de Frank Zappa. Cuenta Carla Bley que tuvo que convencerlo para que accediera a cantar.

-Carla Bley: “Leader”, “Mutant”, “Voice”

-Paul Jones: “David” . Actor y cantante británico que se ofreció a cantar en la obra, debido a su pasión por la música de Charlie Haden’s Liberation Music Orchestra.

-Viva: “Viva”. Una de las musas de Andy Warhol, famosa, entre otras cosas, por sus escenas de sexo en la película “Blue Movie”.




SESIONES DE GRABACIÓN

Las sesiones de grabación comenzaron el 30 de noviembre de 1970 en los estudios de la RCA, con la "Desert Band" de Don Cherry, para registrar sus partes de "Rawalpindi Blues". Jack Bruce no podia trasladarse en esos momentos desde Londres hasta Nueva York, ya que tocaba cada noche con la banda de Tony Williams, así que grabó sus partes el 7 de diciembre, por lo que no coincidió con Cherry en el estudio. Junto con Jack bruce, estaba la "Jack Traveling Band" al completo. Durante estas sesiones se grabaron también "Businessmen", "Detective Writer Daughter" y algunas partes de "And It's Again". Es verdad que en los créditos del disco se sitúan las primeras sesiones de grabación en 1968, en las que Carla Bley y Michael Mantler registraron lo que después se llamó "Phantom Music", pero no se hizo con la intención de que formara parte de la obra, aunque al final se decidió que valía la pena incluirlas.


El 18 de diciembre, el cantante country Steve Ferguson, registró más partes vocales para "Rawalpindi Blues", y poco después, en la misma habitación del hotel, Viva grabó sus partes habladas en una grabadora portatil.

El 16 de febrero de 1971, Bley vuelve a los estudios de la RCA y graba "Little Pony Soldier" y una nueva versión de "Detective Writer Daughter", y el día 26 graba, casi en solitario, "Holyday In Risk".

El 3 de marzo, en The Cinematheque, en Nueva York, con un piano alquilado, un coro formado por amigos y espontaneos, los músicos de la "Hotel Band" y la cantante de ópera Rosalind Hupp (la única persona que cobró por su trabajo esa noche) graban en un Ampex portatil de dos pistas "Escalator Over The Hill" y "Over Her Head", pero al final, debido a la mala calidad de sonido, muy poco de esta grabación terminó en la edición final del disco.

El resto de la obra se registra en la unidad móvil de Butterfly Productions. El 7 de junio de 1971 comienzan a grabarse las partes orquestales. En los siguientes nueve días se graban "Hotel Overture", "Song To Anything That Moves", "Slow Dance", "Ginger and David Themes" y "Holyday In Risk", además de partes de "Like Animals", "End of Animals", "Doctor Why" y "End Of Head". También se grabó de nuevo "Escalator Over The Hill", “Over Her Head" and "Detective Writer Daughter (por tercera vez). Estas sesiones termina el 16 de junio. Los siguientes días se utilizan para grabar coros y partes vocales.


La siguiente semana, de vuelta a los estudios de RCA, se siguen registrando partes vocales, incluyendo algunas nuevas de Viva, corrigiendo algunas cosas, y Carla Bley graba las partes de Calliope (un instrumento que en el siglo XIX se utilizaba mucho en los circos y en los barcos y que consistía en una serie de tubos por los que pasaban vapor para generar el sonido, y que posteriormente se tocaba a través de un teclado), mientras Don Preston graba partes recitadas. Los siguientes meses fueron una época de intenso trabajo, editando, corrigiendo, mezclando, creando un libreto apropiado y promocionando la obra. Todo esto recayó casi en su totalidad en Carla Bley y Michael Mantler, que se había hecho cargo de la producción del disco, viendo recompensado su esfuerzo en marzo de 1972, momento en el que el triple vinilo estuvo listo para salir al mercado, después de problemas con su fabricación y otros inconvenientes.

LA MÚSICA

El disco comienza con una de las introducciones más impresionantes que he escuchado en mi vida. Se trata de “Hotel Overture” (13’11), interpretada por 17 músicos. La entrada de trombón de Roswell Rudd es preciosa, a la vez que decadente, y se alterna con el desgarrado saxo tenor de Gato Barbieri. Entra el ritmo con una llamativa percusión de Roger Dawson, y la orquesta al completo, creando una especie de “cacofonía controlada” maravillosa. A los 5 minutos la orquesta nos traslada a un salón de baile y la melodía que interpretan (que se escucha también en otros momentos del disco) es realmente “patética”, como si fueran a bailarla espíritus en lugar de personas, dando paso a un chirriante y magnífico solo de clarinete de Perry Robinson y a una brutal aparición de Barbieri y su saxo tenor, al que hace gritar con una intensidad y una fuerza pocas veces escuchada. El solo de contrabajo de Charlie Haden nos devuelve a la calma y nos lleva a una de las melodías más bellas del disco, que más adelante se desarrolla en otra pieza. El viaje continua en “This Is Here…” (6’02), pieza misteriosa que contiene la denominada “Phantom Music” de la que hablamos al principio, repleta de voces fantasmales, y que ofrece algunos retazos del final del disco reproducidos al revés, con Jack Bruce repitiendo “It´s Again…”, una de las expresiones clave del disco. De repente, entramos al viejo hotel de Cecil Clark (Cecil’s Clark Old Hotel), con “Like Animal” (1’21), que nos devuelve a la preciosa melodía inicial, con Don Preston interpretando al Doctor, como si de un musical se tratara. Este ambiente de teatro musical continúa en “Escalator Over The Hill” (4’52), donde las dos orquestas ( “Orchestra” y “Hotel Lobby Band”) están increíbles, y donde los distintos personajes entran y salen, como en una obra de Kurt Weill. El ambiente decadente de cabaret está presente constantemente, y da paso a “Stay Awake” (1’31), otro corte de “Phantom Music”, muy inquietante, con Viva gritando. Sin pausa comienza “Ginger and David” (1’39), realmente bella, interpretada por varias voces, y con Barbieri destacando en la orquesta. El vals macabro de la introducción regresa en “Song To Anything That Moves” (2’20), interpretada por la “Hotel Lobby Band”, y continua en “Eoth” (0’35), que enseguida enlaza con la parte más rockera del disco, “Businessmen” (5’38). Jack Bruce está soberbio tanto en las voces como en los ritmos de bajo, John Mclaughlin realiza unos bonitos solos y está especialmente hiriente en algunas partes, siempre apoyado por el órgano de Carla Bley y los efectos de “Phantom Music”, además de por la contudente batería de Paul Motian.


Esta maravilla desemboca en “Ginger and David Theme” (0’57), interpretada por la orquesta, donde vuelve a destacar Barbieri y que nos lleva hasta una balada de aires country, “Why”, interpretada por la cantante Linda Rondstadt junto con la orquesta. Tras una coda de 15 segundos, “It’s Not What You Do”, viene otro de los grandes momentos del álbum, “Detective Writer Daughter” (3’16), en la que se recupera aquella maravillosa melodía de el final de “Hotel Overture”. Cantada por Jack Bruce y Carla Bley sobre una base de vientos impresionante, nos demuestra la belleza que podemos encontrar en momentos de tensión. La contraposición de los elementos melódicos con figuras disonantes y armonias perturbadoras es sorprendente. “Doctor Why” (1’28) nos devuelve al pasado con Jack Bruce y Linda Ronstadt y “Slow dance”(Transductory Music)” (1’50) es una buena composición orquestal que sirve como introducción al impactante final del primer Cd, “Smalltown Agonist” (5’24), un tema siniestro, gótico, que narra la violación de Ginger por parte de sus amigos, con una preciosa base de piano y orquesta, y cuya tensión crece por momentos, hasta que Gato Barbieri manifiesta el dolor de Ginger a través del saxo tenor, en unos momentos memorables.


El segundo Cd se abre con un pequeño monólogo de Carla Bley y la orquesta acompañándola. Es “End of Head” (0’38), que va seguida de “Over The Head”(2’38), una joya con una melodía vocal decadente interpretada por Carla Bley, y una fanfarria como de barraca de feria compuesta por la Original Amateur Hotel Band y la Hotel Lobby Band, lo que significa 20 músicos para un corte de poco más de 2 minutos. Después aparece un bonito piano y la voz de Linda Rondstadt, junto con la de otros “actores”. Esta maravillosa mezcla de vals, obra musical y drama jazzístico continua en la impresionante “Little Pony Soldier”(4’36), en la que Jack Bruce canta de maravilla, junto con Carla Bley y Don Preston, sobre una maravillosa base de guitarra acústica, interpretada por John Mclaughlin, con detalles de vibráfono y piano, una batería inquieta (como no, es Paul Motian) y buenas apariciones del saxo alto de Dewey Redman y la trompeta de Michael Mantler. Continuamos con “Oh Say Can You Do” (1’08), con la voz de Bill Leonard hablando sobre una base de calliope tocado por Carla Bley, “Holiday In Risk” (3’09), una bonita balada interpretada por Carla Bley a la voz y al piano, con más toques teatrales, y “Holiday Risk Theme” (0’47), una coda instrumental en la que la Hotel Lobby Band nos traslada a un salón de baile, con Gato Barbieri al frente.


Aquí hay que hacer una pausa, porque la entrada en el disco del trompetista Don Cherry, al frente de la Desert Band, nos adentra en otro terreno para ofrecernos 25 de los mejores minutos de toda la obra. El viaje comienza con “A.I.R (All India Radio)” (3’55), donde la trompeta de Don Cherry, el violin de Leroy Jemkins, el violonchelo de Calo Scott, las percusiones de Paul Motian, etc… nos induce un trance maravilloso, donde la música oriental y el jazz se funden, y sólo los fraseos de Cherry nos ayudan a volver a la realidad. Una pieza formidable que va seguida de una verdadera obra maestra, “Rawalpindi Blues” (12’41), en la que se fusionan la Desert band y la Jack Travelling Band. Tras una bonita parte vocal de Jack Bruce y sus “amigos”, comienza una parte instrumental donde la guitarra de Mclaughlin y el bajo de Bruce están increíbles, con el órgano de Carla Bley como apoyo, y con la formidable batería de Paul Motian. Tras una segunda parte vocal, entra la agrupación de Don Cherry, y una enorme sensación de paz y bienestar llena la habitación. Las cuerdas, el clarinete, las percusiones, el constante murmullo de la combinación de sonoridades diferentes, y sobretodo, los lamentos de Cherry con su trompeta, crean algo que trasciende a los propios músicos. La voz de Don Preston recitando constantemente “Again, again” nos acerca a “End of Rawalpindi” (9’35), que comienza con un “Fade In” con Jeanne Lee cantando acompañada primero por la genial guitarra de Mclaughlin y después por la sección rítmica. Es el regreso de la Jack Travelling Band, y por lo tanto de Jack Bruce, que vuelve a gritar “Again and Again”, para dar paso a un riff, primero de guitarra y después de bajo, con un cierto aire al de “Paranoid” de Black Sabbath, sobre el que Mclaughlin y Jeanne Lee improvisan, con detalles de órgano de fondo. Con la entrada de la trompeta de Don Cherry, las dos bandas se fusionan y ya no sabe uno donde meterse. La combinación de esa base étnica, con la guitarra de Mclaughlin, la trompeta de Cherry, y después con las partes vocales es algo sublime, de una belleza insuperable.
Y para terminar, regresamos a la dramática melodía de “Like Animals” en “End of Animals” (1’26), cantada por Don Preston y “…And It´s Again” (27’17), en la que buena parte de los participantes de la obra mezclan partes que hemos escuchado con anterioridad con otras nuevas y extractos narrados que forman una especie de collage psicodélico que no tiene fin. Y es que realmente, en la versión en vinilo, no terminaba nunca. Tras casi 9 minutos, se escuchaba un sonido constante grabado en lo que en inglés de denomina “Locked Groove”, es decir, un surco cerrado sobre sí mismo, lo que hacía que la aguja del tocadiscos reprodujera el sonido constantemente, haciendo referencia al título del tema y a uno de los conceptos clave de la obra. En el Cd, la pieza también dura casi nueve minutos, y dejan el sonido constante hasta que termina la capacidad del Cd, por lo que en los créditos marca más de 27 minutos.
Para terminar, diré que debido a su complejidad esta obra no fue representada por primera vez hasta 1997, en Colonia (Alemania), y un año después, se efectuó una gira por Europa. En mayo de 2006 volvió a representarse en Essen, Alemania

REPERCUSIÓN

La obra fue bien acogida por la crítica y el público, siendo uno de los estandartes de la escena vanguardista de la época. En el número 8 del fanzine “El Mellotrón”, publicado a principios del año 2000, Carlos Romeo hablaba sobre el siguiente álbum de Carla Bley, “Troppic Appetites” (1974) y expresaba su opinión sobre la influencia que los primeros trabajos de la compositora norteamericana habían tenido en gente como Henry Cow o Art Bears, y por lo tanto, en bandas posteriores de RIO norteamericanas como U-Totem. No puedo estar más de acuerdo con sus apreciaciones de hace ya 11 años. Además, como también indicaba Carlos, es fácil para los amantes de la escena Canterbury y música afines establecer relaciones entre Carla Bley, Robert Wyatt, Elton Dean, John Greaves, Peter Blegvad,etc…

Sólo me queda decir que si no conocéis este disco, intentad escucharlo lo antes posible, pero no en un ordenador con dos altavoces pequeños, ni en un formato excesivamente comprimido, ni mientras conducís o limpiáis la casa. No vale la pena. Para eso hay otras muchas músicas. Este disco es para escucharlo en frente de un buen equipo, con dos horas por delante sin nadie en casa y si puede ser, con el libreto en la mano. De otra forma, es imposible valorarlo en su justa medida.

martes 29 de marzo de 2011

Tarannà + Cobla: "Oda Al Folklore" (Autoproducción 2011)



Tarannà es una banda catalana en constante movimiento, de una imaginación desbordante y unos músicos sobresalientes. En su todavía corta carrera han publicado 3 discos, y todos son diferentes entre sí. En esta ocasión, la banda de Sisu Coromina se ha unido a Cobla, nombre por el que normalmente se conocen a los grupos que en Cataluña tocan sardanas, pero que en esta ocasión es en realidad una agrupación de músicos que, interpretando instrumentos propios de las coblas, han sido reunidos por el mismo Coromina como una especie de banda alternativa en la que van entrando y saliendo músicos continuamente. De esta forma, en este último trabajo, “Oda al Folklore”, grabado en directo los días 25 y 26 de septiembre de 2010 en el Teatre Mundial de la Bisbal D’Empordá, tenemos la fortuna de escuchar a, nada más y nada menos, 13 músicos:

-Sisu Coromina: saxo alto.
-Sergi Rovira: saxo tenor.
-Ruth Barberán: trompeta
-Natsuko Sugao: trompeta
-Pere Masafret: trombón.
-Marc Egea: Flabiol (un tipo de flauta de madera utilizada en las coblas), y zanfona
-Albert Cirera: tenora (instrumento solista de viento, típico de las sardanas)
-Oriol Oller: tible (parecido a la tenora, pero más agudo)
-Pep Moliner: fliscorno
-Pere Bono: bombardino (una tuba tenor, también típica de las coblas)
-Esteve Dalmau: guitarra
-Jordi Sanchez: bajo y contrabajo.
-David Sitges Sardá: batería y percusión


Los que hayáis seguido la trayectoria de la banda Planeta Imaginario, veréis en esta lista algunos nombres de músicos que han participado o participan con ellos, como Ruth Barberán, el propio Coromina o Natsuko Sugao, actual trompetista de la también formación catalana.
El resultado es una verdadera big band repleta de vientos, de una fuerza e intensidad considerable, pero también de gran sensibilidad. Que nadie se asuste. Aquí no hay sardanas. Estamos ante un disco de jazz, con elementos clásicos y progresivos, de rock y de folk, pero siempre desde una óptica vanguardista, alejada de los clichés tradicionales. Los instrumentos propios de la sardana, como la tenora, el tible, etc…adquieren una nueva dimensión y una sonoridad diferente en este espacio, repleto de libertad y sin ningún lugar en el que quepa la cerrazón propia de los puristas de los diversos estilos que tienen cabida en él.
El disco se abre con “Requiem de Cooper” (2’25), una bonita y oscura presentación, que trae recuerdos a la Carla Bley más funeraria de finales de los ’60, donde la orquesta actúa como una unidad compacta, apoyada por una sección rítmica cada vez más activa, y que desemboca en “La Veueta” (12’30), toda una declaración de principios que nos muestra la intención de fusionar estilos e instrumentaciones diferentes. Preciosas melodías de fliscorno y bombardino, acompañadas de elegantes bases de guitarra, bajo y percusión, contrapuntos tímbricos con el flabiol como protagonista, misteriosos fondos hechos a base de loops de guitarra, con la tenora como instrumento solista, tensión creciente en la sección rítmica, que a veces nos lleva a cotas altísimas de excitación, acompañada por la orquesta al completo y partes rockeras, con la guitarra como protagonista, combinando su sonido con el del flabiol, es parte de los que nos ofrece esta pieza que en sólo doce minutos es capaz de resumir la propuesta del álbum.
Le sigue una nueva versión mejorada de “Oda al Folklore” (20’06), tema vocal que abría el primer disco de la banda “Senyals de Vida” (2007), pero que aquí está tratado de una forma muy diferente. La primera parte consiste en la interpretación de la preciosa melodía central con la tenora, sobre un fondo hipnótico de contrabajo y batería, bonitos detalles de guitarra y unos arreglos maravillosos de toda la orquesta. Tras un corto interludio de furia, muy progresivo, vuelve un pegadizo ritmo de contrabajo y un lento y pausado solo de trompeta, que poco a poco nos lleva a un terreno más cercano al “free jazz”, repleto de improvisación , en constante crecimiento, hasta desembocar en un apoteósico final con toda la banda a plena potencia. ¡Increible!.
Y para terminar, una auténtica barbaridad. Se trata de una nueva versión de “L’Heroi Xumbo/ Cantic De Plor I Lloança A La Mort D’Un Home Jove” (25’20). Es quizás el tema más “progresivo” del álbum y ya lo conocemos de su anterior trabajo “Pintades D’Amor I de Guerra” (2009), aunque aquí suena aún mejor. En esta pieza se fusionan a la perfección el jazz y el rock, con algunas influencias latinas. El bajo eléctrico, la batería y la guitarra crean unas bases en ocasiones contundentes y en otras más estereas, sobre la que la orquesta al completo trabaja de forma fluida, llegando a momentos de una intensidad altísima, y donde destaca el magnífico solo de trombón de Pere Masafret y el de saxo alto de Coromina. Los últimos minutos están dedicados a una de las melodías más bellas que ha compuesto la banda, “Cantic De Plor I Lloança….”, donde la orquesta se crece segundo a segundo, y tras casi un minutos de aplausos, a la presentación de los músicos.
No me cabe duda de que estamos ante uno de los grandes discos del panorama nacional en este 2011, que va a ser un gran año, no sólo por la publicación de este disco y el último de Planeta Imaginario, sino porque también regresarán en breve Herba D’Hameli, Senogul, October Equus, Kotebel, etc… Creo sinceramente que estamos en un momento histórico con respecto a la calidad de la música que se está haciendo en España últimamente.

Francisco Macias

lunes 7 de marzo de 2011

Gutbucket: "Flock". (Cuneiform, 2011)


El sello Cuneiform acaba de publicar el quinto trabajo de los neoyorquinos Gutbucket, titulado "Flock".Su anterior disco, "A Modest Proposal" me gustó mucho, pero este me ha fascinado. La banda esta formada por el saxofonista Ken Thomson, el guitarrista Ty Citerman, el bajista Eric Rockwin y el baterista Adam D. Gold, teniendo todos y cada uno de ellos un peso enorme en el sonido final de la banda. ¿En que se basa este sonido? . Pues en unas bases rítmicas potentes, imaginativas, inquietas, con un contrabajo eléctrico (una especie de Stick) muy presente (aunque Rockwin utiliza también en ocasiones el contrabajo y el bajo eléctrico), una guitarra indispensable, con influencias de Bill Brovold o Robert Fripp, pero con personalidad propia, que destaca tanto en las bases para las melodías de los vientos o en los efectos, como en los solos, y un saxo alto incisivo, que aunque es el sonido preferido de Thomson, lo alterna habitualmente con el clarinete, el clarinete bajo, saxo soprano, saxo barítono ,etc...A estos elementos le sumamos algunos detalles de piano eléctrico Wurlitzer, tocado por Rockwin y ocasionalmente por Gold, y ya tenemos la música de Gutbucket. Una música que se puede encuadrar en el Downtown neoyorquino, con detalles de RIO y que puede recordarnos a veces a la de bandas como Curlew, Larval, Doctor Nerve, o incluso a los británicos Led Bib, existiendo también algunos detalles que nos traen a la mente a King Crimson. Respecto los temas que componen este álbum, no es fácil destacar unos sobre otros, ya que los 60 minutos que dura el disco me parecen magistrales. Estamos ante una banda bastante democrática a la hora de componer las canciones, ya que excepto el baterista, que sólo es autor de un tema, los otros tres miembros se reparten de forma equitativa el resto de las piezas, siendo Eric Rockwin el más activo a la hora de componer (en su anterior trabajo, la diferencia era mayor, ya que Rockwin escribió más de la mitad de los temas). Me encanta el principio del disco, con "Fuck You and Your Hipster Tie" (5'59), toda una declaración de principios compuesta por Thomson, con una melodía de saxo muy a lo Led Bib, acompañada por la guitarra y una fuerte presencia del contrabajo eléctrico, sobre todo durante el magnífico solo de saxo alto, y una bonita parte final repleta de figuras de bajo acústico, clarinete contrabajo, guitarra, saxo alto y soprano ,etc...Las otras dos composiciones de Thomson son "dOg Help Us" (6'00), pieza con un potente ritmo entrecortado, que tiene que ser espectacular en directo, con un gran trabajo del saxo alto, apoyado por el barítono y el clarinete contrabajo, y "Give Up" (5'40), que tiene uno de los mejores finales de todo el álbum, con el saxo como protagonista ,una fantástica guitarra de apoyo y una gran sección rítmica. Otros dos temas que me encanta son "Murakami" (6'42), que tiene una preciosa melodía de sólo 4 notas, pero que está interpretada con una gran profundidad y profusión de detalles, con influencias tanto de Larval en la primera parte como de Curlew en la segunda, y "Said the Trapeze to the Gravity (Why Are you So Old?)" (5'27), de una fuerza aplastante, ambas compuestas por el guitarrista Ty Citerman. Mención aparte merece la suite compuesta por Rockwin bajo el nombre de "Born Again Atheist Suite", dividida en tres partes bien diferenciadas. Aquí hay de todo. Bases de guitarra muy rockeras, acompañadas de potentes ritmos de bajo y batería, apoyados en ocasiones por el clarinete bajo y algunos detalles de Wurlitzer, solos de saxo, con partes cercanas al free jazz, y solos de guitarra, con influencias "frippianas" en ocasiones, destacando sobretodo en el final de la tercera parte, "Turning Manischewitz Into Wine" (8'30), en la que la guitarra se combina con el saxo de forma magistral.
En definitiva, un disco impresionante, que no hace más que confirmar el buen estado actual de este tipo de música.
Francisco Macias

sábado 26 de febrero de 2011

John Zorn: "Caym-Book Of Angels Vol. 17". (Tzadik, 2011)


La última entrega de la serie “Book of Angels” es una de las más variadas e interesantes de toda la colección, y los responsables son The Banquet Of The Spirits, la banda del percusionista Cyro Baptista, uno de los colaboradores más fieles de John Zorn. La formación es la siguiente:


-Cyro Baptista: percusión y voz.
-Shanir Ezra Blumenkranz: oud, bajo, gimbrí y voz
-Tim Keiper: batería, percusión, kamel ngoni y voz
-Brian Marsella: teclados y voz.


Respecto a la música, es realmente precioso escuchar estas grandes melodías, compuestas por Zorn dentro de la tradición judía, pero desde enfoques diferentes como el jazz, la música árabe, brasileña y africana, etc…Uno de los elementos principales de estos aires norteafricanos es la utilización de varios instrumentos de cuerda procedentes de esta región, como el Oud, el Gimbri, que se utiliza mucho en Marruecos, tanto de forma melódica como percusiva, o el Kamel Ngoni, propio de África Occidental. En cualquier pieza del disco podéis escuchar estos instrumentos, destacando quizás en la bellísima “Flaef” (2’05), pero todavía resulta más impactante cuando el Oud o cualquiera de estos instrumentos se combinan con el piano eléctrico, como en la genial "Chamiel” (4’27), o acústico, como en “Hutriel” (4’28), una verdadera obra maestra, de aires jazzísticos, esculpida alrededor de una sección rítmica y unas percusiones sobresalientes, o en “Yahel” (2’26), otro de los mejores momentos del disco.
El peso de Brian Marsella también es enorme en este álbum. Además de los pianos y el órgano, me encanta el sonido de acordeón que saca de sus teclados, que suele acompañar de forma magistral al Oud, como en “Katafiel” (5’22), en la impresionante “Briel” (4’19) o en “Tahariel” (4’47), en la que también lo utiliza como instrumento solista. Aunque en los créditos no lo indica, Marsella también utiliza el sintetizador, algo que podemos comprobar en en “Tzar Tak” (3’45), en la que la sección rítmica y las percusiones vuelven a destacar (algo que no es de extrañar, no sólo porque esta sea la banda de un percusionista del nivel de Cyro Baptista, sino también porque la pericia de Keiper a la batería y la fuerza de Blumenkranz al bajo son apabullantes, como este último ya demostró antes en bandas como Satlah o Rashanim), y donde hay ciertos toques árabes, que en combinación con los teclados puede recordarnos a la música de Secret Chiefs 3. En este amplio espectro de sonidos creados por Marsella también tiene cabida el hapsichord, como podemos escuchar en la cinematográfica “Yeqon” (4’55), en cuyo final Blumenkranz utiliza el bajo como si fuera una guitarra o en la pieza de aires orientales y campestres,“Natiel” (4’00), el denominado “Pump Organ”, que es un tipo de órgano de iglesia que suena de maravilla en la también bellísima “Phaleg” (4’07), o la imitación del sonido de la flauta en la misteriosa “Zaphaniah” (3’53), con las percusiones como verdaderas protagonistas.
Todo esto hace de el volumen número 17 de la serie “Book of Angels” uno de los mejores de la serie, y a Banquet Of The Spirits una de las bandas más excitantes del universo que rodea a John Zorn, algo que demuestran sobretodo en sus fantásticas actuaciones en directo.
Francisco Macias

lunes 14 de febrero de 2011

Planeta Imaginario: "Optical Delusions". (Cuneiform, 2011)


Por fin tenemos aquí el último trabajo de los catalanes Planeta Imaginario, titulado “Optical Delusions”. Por fin porque aunque su anterior disco, “Biomasa”, se publicó en 2008, recogía temas grabados en 2005, por una formación de la banda que ya no era la que existía en el momento en el que salió a la venta. Eso hace que su tercer álbum, recién publicado por el sello Cuneiform, sea aún más importante, ya que supone un reflejo fiel de la música que la banda hace en la actualidad.

Planeta Imaginario son:

- Marc Capel: teclados
- Dimitris Bikos : bajo sin trastes
- Natsuko Sugao : trompeta
- The-Hien Trinh : trombón
- Alfonso Muñoz : saxo alto, soprano y barítono, percusión
- Vasco Trilla Gomes dos Santos: batería y percusión.


Además, la banda cuenta con la colaboración de Sisu Coromina (líder del grupo Taranná), a los saxos, Pablo Selnik a la flauta, Guillem Serra Llorenc a la trompa y Liba Villavecchia al saxo tenor.

Lo primero que vemos y escuchamos es que el grupo ya no tiene guitarrista, y la verdad es que no se echa de menos. Quizás en la época en la que estaba en la banda Eneko Alberdi si tenía más sentido, ya que este guitarrista, ahora afincado en Granada, aportaba también composiciones al repertorio de la banda, pero ahora la combinación de los diferentes teclados de Marc con la impresionante sección de vientos, con el saxofonista Alfonso Muñoz como solista sobresaliente, no hace necesaria la presencia de ningún otro instrumento a la hora de acometer solos. También es evidente para los vimos a la banda en directo meses atrás que la trompetista Ruth Barberán ya no está, y ha sido sustituida por Natsuko Sugao.
¿Qué nos vamos a encontrar en “Optical Delusions"?. Pues casi 80 minutos de música, divididos en cinco bloques y 13 cortes, compuestos en su casi totalidad por un Marc Capel cada día más inspirado. Si tuviésemos que definir su música con una sola palabra, esa sería “Elegancia”, algo normal cuando se combina el sonido del piano eléctrico y el órgano con clásicos arreglos de vientos, solos de saxo y trompeta, y claras influencias del Sonido Canterbury. Tras escuchar con detenimiento varias veces el disco, he llegado a la conclusión que no es posible para mí el describirlo exhaustivamente tema por tema como suelo hacer. Los ritmos de Vasco y Dimitris son variados e imaginativos, y cambian muy a menudo en cada uno de las piezas, al igual que las melodías y los arreglos. No hay un solo hueco vacio, todos están repletos de detalles y se hacen necesarias varias escuchas para darse realmente cuenta de lo que tenemos delante.
El primer tema, “Collective Action” (10’16), compuesta por Capel y el saxofonista Rafa Gomez, es toda una declaración de principios. La entrada de piano eléctrico, la sección de vientos, las influencias de bandas como Soft Machine o National Health, los cambios de ritmo, la utilización de los teclados no sólo como instrumentos solistas sino como parte de la sección rítmica, ligeras influencias RIO y bonitos solos de órgano (Marc utiliza el Hammond L 100, el mismo modelo que utilizaba Dave Stewart, cuyo sonido a veces modifica para imitar al órgano Lowrey), trompeta o saxo tenor, este último interpretado por Liba Villavechia, son elementos que se repiten a lo largo del disco. Esto es algo que también comprobamos en la maravillosa “The Garden of Happy Cows” (9’40), donde se combinan a la perfección detalles propios de la escuela Canterbury con la orquestación clásica de los vientos tan característica del grupo y con solos de saxo y teclado, en “The Little Dog-Man’s Clinical Preludes”(7’44), con toda la banda en estado de gracia o en “The Sea…And Later The Sun…And The Reflection”(13’18), con una bellísima melodía y una elegancia sorprendente, en la que Marc está genial tanto con el piano como con el órgano y Dimitris y Vasco demuestran lo compenetrados que están y la facilidad que tienen para acelerar, parar, cambiar de ritmo,etc…Me gusta el solo de flauta de Pablo Selnik y la actuación de Alfonso con el soprano, aunque donde verdaderamente destaca este gran músico es en “Xarramandusca” (11’36), donde además de la impresionante introducción a lo Soft Machine, nos ofrece un genial duelo de aires “free” con Vasco, y un corto pero gran solo de soprano, algo que influye en que esta pieza sea de las más interesantes del álbum. Otro gran solo de soprano de Alfonso lo encontramos también en la tercera parte de “Imperfect Elements In Red Quartz”, titulada “Imperfect Persuasive Element” (2’40), con una contundente sección rítmica acompañándolo.
Marc también nos ofrece bonitas melodías de piano acústico, como en “Good Luck, My Friend” (1’45) o “Sidewalk Licker” (8’00), con una preciosa introducción, titulada sencillamente “Introduction To Sidewalk Licker” (2’37). Es magnífico comprobar como este músico no sólo ha ido creciendo año tras año como teclista, sino también como compositor y arreglista, algo que demuestra en todos los rincones del disco. Por último alabar también el trabajo de The-Hien Trinh, encargado de los arreglos de viento, cuyo sonido define buena parte del resultado final del disco, conviertiendo a cuatro músicos en una verdadera orquesta de aires clásicos, incluso algo pasada de moda, de aires retro, pero de gran efectividad.
En definitiva, el mejor disco de de Planeta imaginario. Si al enorme nivel como intérpretes de todos los músicos y a la madurez compositiva de Marc, le añadimos la ayuda de Bob Drake en la grabación, las mezclas y la masterización y el precioso artwork de Angel Ontalva, no es de extrañar que el producto final sea de semejante envergadura. ¡Imprescindible!.

Francisco Macias

lunes 7 de febrero de 2011

Marbin: "Breaking The Cycle" (Moonjune 038, 2011)


Haciendo gala de su buen gusto, el sello Moonjune acaba de publicar el segundo trabajo del proyecto del saxofonista Danny Markovitch y el guitarrista Danni Rabin, al que han bautizado como Marbin, combinando la primera y la última sílaba de sus apellidos. El duo se formó en Israel en 2007, pero pronto se marcharon a Chicago, publicando su primer disco en 2009. Para este segundo trabajo, titulado “Breaking The Cycle”, han decidió ampliar la banda con una sección rítmica de lujo, el baterista Paul Wertico y el bajista Steve Robdy, ambos conocidos por formar parte de la banda de Pat Metheny. Además, cuentan con la colaboración de otros bateristas y vocalistas (aunque el disco es practicamente instrumental), entre los que destacan el percusionista Jamie Haddad.
El álbum comienza con "Loopy" (5'59), una pieza con un ritmo algo tribal, con Wertico encargándose tanto de la batería como de la percusión, y un bajo profundo. La melodia principal de guitarra sintetizada es pegadiza, y destaca el rápido solo de saxo soprano, y los posteriores de guitarra y percusión. Hay un ligero aire de los Crimson de los '80 en todo el tema. Le sigue "A Serious Man" (3'49) , otra maravillosa composición, con aires latinos, ambiente cinematográfico y una preciosa melodia de saxo. Me encanta el solo de saxo soprano y la combinación de la batería de Wertico con la percusión de Haddad. "Mom's Song"(2'05) es una nana, tatareada por Leslie Beukelman y Matt Davidson, que resulta un poco simple para mi gusto, aunque va seguida de una auténtica maravilla, "Bar Stomp" (3'04), tema en clave de blues, con la guitarra y la percusión como protagonistas, que me recuerda por momentos a los Lounge Lizards, quizás porque tambien tiene la capaciadad de hacernos visualizar imágenes, como si de una película se tratara. Continuamos con "Outdoor Revolution" (3'08), una nostálgica composición con base de guitarra acústica y una preciosa melodia de saxo, y "Western Sky" (2'12), otra pieza lenta tatareada. El momento más intenso y alucinante del disco llega con "Burning Match" (5'11). Comienza con una bonita melodia de saxo soprano, con el bajo apoyándola. Entra la guitarra de fondo y el ambiente que crea es increible, de una belleza difícil de describir. Entra la bateria, y la guitarra se adueña de la melodia, hasta que regresa el saxo soprano para hacer un fantástico solo, que vuelve a ceder el paso a la guitarra, que hace un solo lleno de sentimiento. ¡Increible!. Continuamos con "Claire's Indigo" (2'11), un tema suave de saxo de aires orientales y "Snufkin" (2'48), una bellísima melodia de saxo, acompañada de guitarra acústica y una percusión de aires latinos, y que contiene un bonito solo de Markovitch. Le sigue "Old Silhouette"(4'12), otro corte suave, con varias capas de saxo, muchos detalles percusivos, efectos de fondo y un buen solo de guitarra. Y para terminar, "Winds of Grace" (8'39), la única pieza cantada del disco, muy bien interpretada por Daniel White, que también es el compositor de la letra. Es un tema de corte épico, con la guitarra acústica acompañando a la voz y detalles de saxo soprano. Casi al final se hace el silencio y tras unos segundos podemos escuchar una coda de saxo soprano en forma de canción de cuna.
Este disco me ha gustado mucho, y cuanto más lo escucho, más me gusta. Marbin combina a la perfección grandes melodias, con profundas bases rítmicas y ambientes muy evocadores. Una buena manera de comenzar el año.
Francisco Macias

miércoles 26 de enero de 2011

Jono El Grande: "Phantom Stimulance". (Rune, 2010)



Por fin tengo en mis manos el último trabajo de la banda noruega Jono El Grande (seudónimo de su líder Jon Andreas Håtun), titulado “Phantom Stimulance”. Aunque es un disco producido en 2010, no ha salido a la venta hasta enero de este año. Da igual, será uno de los mejores discos del año en el que queramos colocarlo, aunque esté nuevo proyecto no es realmente nuevo. Conmemora el décimo aniversario de Jono El Grande como banda y el decimoquinto de su líder como compositor e intérprete, y mezcla piezas compuestas expresamente para el disco con nuevas versiones de piezas editadas en otros álbumes y nuevas grabaciones de temas inéditos que fueron interpretados por la banda en algún momento en directo. En este sentido, no se puede considerar como una continuación de “Neo Dada”, su anterior disco, aunque las grabaciones son todas de 2010.
Como siempre, la formación es apabullante:
-Jono El Grande: guitarra, voz (utilizada de vez en cuando como un instrumento más), xilófono, percusión y artilugios variados.
-Eivind Henjum: bajo, coros.
-Erik Lokra: saxos
-Stefan Ibsen Zlatanos: piano, flauta.
-Erik Fossen: vibráfono, xilófono y percusión.
-Terje Engen: batería y percusión
-Petter Kragstad: sintetizadores.
-Tarjei Grimsby: trombones.
-Mr. Ohm: viola.

El disco se compone de 11 temas cortos divididos en dos fases, como si de un vinilo se tratara, con las piezas enlazadas entre sí. Comienza con “Borrelia Boogie”(1’48), una composición nueva brutal, potente, llena de vida, perfecta como inicio. La melodía es bellísima, y me encantan las diferentes capas de guitarras, con el bajista Eivind Henjum encargándose de la guitarra barítono. Se enlaza con “Utopian Semi-Waltz”(3’24), una nueva versión regrabada y rebautizada de su primer mini Lp, “Utopian Dances” (1999). Aquí se combinan los ambientes relajados, con un bajo muy presente, repletos de detalles y efectos y toques de vibráfono, con interludios cortos decadentes y una preciosa melodía de corte folk. Geniales las partes de saxo soprano y trombón y el pequeño solo de sintetizador final. De repente entra “La Dolce Vidda”(3’50), un tema que Hatun solía tocar en directo entre 1997 y 1998 con su anterior banda Vidunderlige Vidda. El ritmo es mucho más pesado, con la sección rítmica muy activa y unos riffs de la sección de vientos buenísimos. Me gusta mucho la parte de sintetizador “fantasmal”, con un piano grave y profundo de fondo y las cortas interrupciones de efectos y piano en el tema principal. El vibráfono introduce “Phantom Stimulance”(5’48) (también del repertorio de Vidunderlige Vidda), con un ritmo repetitivo, casi marcial, sobre el que se combina el vibráfono, voz recitada y detalles de trombón. Lo mejor, sin duda alguna, es la segunda parte de la pieza, que comienza de forma sugerente con el saxo y desemboca en un fantástico solo de guitarra con infinidad de detalles alrededor producidos por los sintetizadores y el vibráfono principalmente.
La primera fase termina con una composición totalmente nueva, “Rise of the Baseless Press-Base Toy”(3’35), que comienza con una mantra constante de vibráfono y susurros misteriosos, sobre el que se van creando varias capas de guitarra.
La segunda fase es de un optimismo y un colorido sorprendente. Se inicia con “Pongery in Evention (As in Owe Egon’s Dream)” (2’32), una nueva version de un tema inédito que Jono El Grande suele tocar en directo en los últimos años. Es un pieza desenfadada, muy nórdica, con una melodía maravillosa de corte folk, algunos aires jazzísticos, y que cuenta con un bonito solo de sintetizador final. Le sigue “Beggar To Beggar” (3’40), otra de las piezas del repertorio de la antigua banda de Hatun, Vidunderlige Vidda. De aires circenses, tiene sus mejores momento en una alucinante solo de trombón, que me recuerda mucho a la banda de Zappa de 1973 y a su trombonista Bruce Fowler, sobre una buena base improvisada de xilófono, y en la última parte, con varios saxos superpuestos. Continuamos con “Moon-Strictly In Love With A Figment Foetus” (3’49), nueva version de una melodia original de “Utopian Dances” (1999), con un ritmo y unos vientos que me recuerdan mucho a Alamaailman Vasarat, una melodía maravillosa y un gran solo de guitarra con los teclados como apoyo. Con ritmo de tango llega otra pieza de “Utopian Dances” regrabada, “Negation/Penetration”(2’16), también con una base rítmica profunda, una preciosa melodía de vibráfono y vientos y buenos detalles de saxo barítono. El bajo se queda solo y comienza “Double-Edged Triplets”(3’43), una nueva versión de un tema del álbum “Fevergreens” (2003). La melodía de guitarra es más oscura, con los teclados de fondo y una línea de bajo potente. Después comienza el solo de guitarra, con muchos efectos y una bonita base de xilófono, cuya parte final recuerda mucho a Zappa. ¡Genial!. Y para terminar, “The Goat”(4’17), composición habitual en los conciertos de Jono El Grande e inédita hasta el momento. Es un final inmejorable, con fantásticas melodías de saxo y sintetizador, y un cierto aire andino en el motivo central.
En definitiva un álbum sobresaliente y asequible para cualquier público. Un disco complejo, pero a la vez muy melódico, con una fusión muy equibrada de jazz, rock, folk, etc…¡No os lo perdaís!.
Francisco Macias

martes 18 de enero de 2011

Curlew (1º parte). Los años de Tom Cora.





A finales de la década de los ’70, una nueva música se estaba fraguando en Nueva York. Un grupo de músicos, afincados muchos de ellos en el Lower East Side (John Zorn, Wayne Horvitz, Kip Hanrahan, George Cartwright, etc…) comenzaban a reinvertar la fusión entre el jazz y otros estilos musicales, tomando como referencia a músicos como Ornette Coleman, Anthony Braxton o Cecil Taylor. Estas influencias del free jazz se mezclaron con otras tan diferentes como las de los compositores minimalistas (Steve Reich, Phillip Glass,etc…), con la fuerza y la rabia del punk, con el rock progresivo y el Rock In Oposition a través de los músicos británicos que llegaron a Nueva York atraidos por el panorama que allí se vislumbraba, la llamada New Wave (Daevid Allen, Fred Frith o Robert Fripp entre otros), con las de la música latina, la clásica contemporanea e incluso con el hardcore unos años después. El resultado es una música tan brillante que poco a poco se convirtió en un referente para la vanguardia musical en los ’80, y que desde hace tiempo ya es un estilo musical que traspasa sus fronteras para influenciar a grupos de distintas nacionalidades, el Downtown (llamado así por la zona de Nueva York donde se originó).El ejemplo perfecto que demuestra que la década que una parte del público progresivo desprecia, los ’80, pueden ser realmente emocionante si se mira en la dirección adecuada. El saxofonista y compositorGeorge Cartwright, originario del delta del Misissipi, llega a la gran manzana en 1979 y forma Curlew junto con el bajista Bill Laswell, el violonchelista Tom Cora, el baterista Bill Bacon y el guitarrista Nicky Skopelitis. Laswell y Bacon habían pertenecido los New York Gong de Daevid Allen y Cora había tocado, entre otros, con el guitarrista Eugene Chadbourne. Entre el 29 de febrero y el 2 de marzo, registran su primer trabajo, titulado simplemente “Curlew”, publicándose en 1981.


El álbum comienza con “Panther Burn” (6’16), tema pegadizo con un bajo fantástico y una melodia de saxo algo festiva, seguida por un gran solo de cello de Tom Cora, mientras que Laswell y Bacon lo apoyan creando una base rítmica muy imaginativa, sobre la que Cartwright efectua después un gran solo de saxo. Las percusiones y los saxos nos adentran en “The Bear” ( 1’07), cortísima pieza que desemboca en “Bitter Thumbs” (6’27), algo más oscura, con Laswell haciedo un ritmo de bajo maravilloso y Bacon desatado a la batería. Me encanta el solo de guitarra de Skopelitis, seguido por otro de saxo con toques “free” y con el apoyo del cello en su última sección, creando un pequeño caos maravilloso. Le sigue otra pieza corta, “The Victim” (1’44), bastante experimental, y “The Hardwood” (5’19), en la misma línea, interpretada en directo el 6 de febrero de 1980 en el CBGB’s, con altas dosis de improvisación por parte de todos los miembros de la banda. Continuamos con “Sports” (1’47), un rítmico tema con el cello y el saxo como solistas, al más puro estilo “Downtown”, seguido por “Bruno” (1’12), pieza percusiva con toques étnicos. “But Get It” (2’36), otra misteriosa composición, tiene un cierto aire cinematográfico, sobretodo cuando aparece el saxo, y contrasta con el siguiente tema, “Rudders” (3’16), interpretado en directo y mucho más optimista. Está compuesta por Tom Cora y su cello tiene mucho peso, aunque Laswell le reta constantemente con el bajo. Continuamos con “Binoculars” (2’56), otra improvisación colectiva muy buena, y con “The Ole Miss Exercise Song” (8’42), último corte del disco con una improvisación inicial que se va desarrollando hasta conseguir un ritmo constante sobre el que Cartwright se explaya con el saxo, para dejar paso después a la guitarra. La sección rítmica es tan buena que puedes incluso olvidarte de los solos y fijarte exclusivamente en los que Laswell y Bacon hacen.
Como temas extra, la reedición en Cd de Downtown Music Gallery nos ofrece 6 temás más recogidos del concierto en el CGGB’s el 6 de febrero de 1980. Entre ellos podemos escuchar unas fantásticas versiones de “Sports” (2’03), “Bitter Thumbs” (6’43), “The Ole Miss Exercise Song” (9’38) y “Panther Burn” (6’40). También podemos disfrutar de dos temas inéditos hasta el momento, “Intro/The March” (2’30), con una ruidosa introducción de cello y guitarra , a la que se va uniendo el resto del grupo para crear una gran improvisacion, y “Social Works” (4’12), pieza del guitarrista Nicky Skopelitis, con una buena melodia de guitarra, un buen solo de saxo, pero en el que yo sólo escucho a Bill Laswell. ¡Menuda forma de tocar el bajo, y menudos ritmos!.
Pero es que la reedición de este primer trabajo de Curlew no sólo trae como material extra estos temas, sino que además nos ofrece un segundo Cd con un directo grabado el 1 de octubre de 1980 también en el CBGB’s. Los músicos son los mismos, excepto Bill Bacon, que deja las baquetas a Denardo Coleman, hijo de Ornette, uno de los saxofonistas que más influenció a George Cartwright. El concierto está dividido en dos sets. En el primero podemos escuchar versiones de “Social Works” (2’43), “Panther Burn (5’51) o “The Ole Miss Exercise Song” (7’19) y algunas piezas nuevas, como “Red Channels” (3’39), compuesta por Skopelitis al más puro estilo Downtown, con los cinco músicos a su aire, en una especie de “anarquia controlada”, “Mink’s Dream” (2’47), donde se mezcla una melodía sencilla con partes “free”, con el saxo y la batería cara a cara y una buena actuación del cello, y “Moon Lake” (3’17), un clásico de la banda compuesto por Cartwright que es una maravilla. El riff de bajo inicial, la melodia de cello, las partes de saxo…¡Genial!. El segundo set está compuesto por temas ya conocidos: “Sports” (2’15), “Moon Lake” (3’32), “Social Work” (2’21), “Mink’s Dream” (3’25), “The Hardwood” (6’38), “Red Channels” (3’18) y “The Ole Miss Exercise Song” (8’39), con un final apoteósico.


Tras la publicación de su primer trabajo, la banda sigue tocando por clubs y locales de Nueva York. El siguiente documento sonoro registrado por la banda es de finales de 1983, y se corresponde con una actuación en directo en Mort’s Place que el sello Cuneiform incluyó en la reedición de su segundo álbum de estudio, “North America”. En la formación continuan Cartwright, Cora y Skopelitis, pero el bajista es ahora Otto Williams, y el baterista, Anton Fier, que había pertenecido a The Lounge Lizards, otra de las grandes bandas del “Downtown”. La actuación comienza con “Oklahoma” (6’00), uno de los mejores temas de Curlew. El principio es brutal, seguido de una bonita melodia y un gran solo de saxo. Después le toca el turno a Cora con el cello, y de repente hay un cambio de ritmo alucinante sobre el que Cartwright interpreta otro solo de saxo. El bajo adquiere aún mayor protagonismo y Skopelitis realiza un solo de guitarra. Es una pieza de una gran intensidad, con algunos momentos que nos recuerdan a la música de John Zorn. Continuamos con “Shoats” (3’43), con un ritmo absolutamente genial, con el bajo medio funky y un precioso duelo entre el saxo y el cello. La siguiente composición ya nos es conocida, “Moon Lake” (4’32), en una versión algo más larga (con el tiempo se extenderá aún mas en sus conciertos), al igual que “Mink’s Dream” (3’41) o “The Ole Miss Exercise Song” (5’36), que en esta ocasión tiene una duración menor que las versiones de 1980. Para terminar, la pieza de Tom Cora, “First Bite” (3’10), con el cello como protagonista, muy bien reforzado por la sección rítmica y el saxo.


Entre 1984 y 1985, Curlew registra su segundo álbum de estudio, “North América”, que en su momento sólo se publicó en Alemania y que fue considerado como una rareza de culto hasta que en 2002 el sello Cuneiform lo publicó en Cd. En la formación de la banda encontramos de nuevo a George Cartwright a los saxos y a Tom Cora al cello y el acordeón, pero el resto de los miembros han vuelto a cambiar. Al bajo, guitarra y violín nos encontramos al gran Fred Frith, antiguo miembro de Henry Cow y Art Bears, y que fue uno de esos músicos británicos que se sintieron atraidos y que formaron parte de la vanguardia neoyorquina del momento. A la guitarra está Mark Howell y las labores de baterista la comparten Rick Brown y Pippin Barnett, siendo este último un miembro muy importante durante los siguientes años de la banda.
El álbum comienza con “Ray” (4’42), que contiene una melodia festiva, optimista, con ciertas influencias africanas, interpretada por el saxo y el cello. El solo de guitarra corre a cargo de Fred Frith. Un buen comienzo que da paso a la versión en estudio de “Oklahoma” (3’54). Aunque suena muy bien, no tiene la misma intensidad que la versión en directo, bastante más larga, interpretada a finales del ’83 en el Mort’s Place y de la que ya hemos hablado anteriormente. Continuamos con “Knee Songs 2” (2’10), una pieza sobresaliente con una bella melodia de cello, un bajo muy marcado, y fantásticos detalles de saxo y corneta (estos últimos gracias a Butch Morris). Las dos siguientes composiciones son obra de Fred Frith, y eso es algo que se nota. La primera es “Person To Person” (2’21), que se basa en varias capas de saxo que crean un bonito ambiente, con el apoyo de algo de percusión. De las influencias minimalistas pasamos a otras más cercanas al RIO con “Time and a Half” (2’56), segunda y última composición de Frith que se compone de una pegadiza melodia de saxo con varios interludios de batería y guitarra, interpretada por el propio Frith de una forma algo paranoica. También me gusta mucho su actuación con el bajo.
“Mink’s Dream” (3’05) era un tema clásico en el repertorio de la banda en directo y ya hemos hablado de ella. En estudio resulta más misteriosa y a su instrumentación habitual se le añade el violín de Polly Bradfield. Le siguen tres piezas de Tom Cora, “Two Day ‘Till Tomorrow” (1’22), un bonito y algo lúgubre tema interpretado con acordeón por el propio Cora, “Light Sentence” (2’35), con toda la banda tocando alrededor de una melodia sencilla y repetitiva, y la versión en estudio de “First Bite” (2’46). Otro tema que conociamos de sus actuaciones en directo y que aquí aparece grabada en estudio es “Moon Lake” (5’14). En esta versión, más larga que las anteriores, es increible la interacción del saxo con las cuerdas, que no sólo actuan como elemento solista (como en el caso del solo de violín de Polly Bradfield), sino como elemento rítmico mediante el pellizcado de las mismas. También destacaría algunos interludios rítmicos con influencias “progresivas”. El siguiente corte, “Shoats” (2’35), pierde bastante en su versión en estudio, y da paso a “Agitar/The Victim” (5’11), con una primera parte que consiste en una melodia de saxo al más puro estilo de la banda, con interludios de cuerdas y guitarra que me encantan, al igual que las manipulaciones del sonido del saxo que hace Fred Frith, y una segunda que es una versión muy diferente del tema de su primer disco, “The Victim”. El álbum termina con una adaptación del clásico del guitarrista de blues J.B. Lenoir, “Feeling Good” (2’56), cantado por Cartwright y que tiene sus mejores momentos en los pizzicatos de Cora con el cello. Es sorprendente que un disco tan bueno, repleto de grandes temas, haya estado tanto tiempo en ese limbo aún tan vasto de discos que fueron publicados en Lp en su momento y cuya reedición en Cd se ha hecho esperar años o, en algunos casos, no ha llegado aún.


Para seguir hablando de la discografia de Curlew tenemos que trasladarnos a octubre de 1986, momento en el que se graba una actuación en directo de la banda en el Quasimodo Club de Berlín. En este momento, el grupo estaba compuesto por George Cartwright a los saxos, Tom Cora al cello, Pippin Barnett a la batería, Davey Williams a la guitarra (uno de los músicos más importantes en las siguientes formaciones de Curlew) y Wayne Horvitz ( que después formaría parte de los Naked City de John Zorn) a los teclados, teniendo que encargarse también de hacer las partes de bajo con los mismos. El sello Cuneiform publicó esta actuación en Cd bajo el nombre de “Live in Berlín” en 1988. Se abre con la versión más larga de “Moonlake” (9’19) que hemos escuchado hasta el momento. Tras una buena introducción bastante libre, notamos que el riff central y la melodia de saxo son más lentos. Me gusta mucho el momento en el que Cora pellizca las cuerdas del cello, la actuación de Horvitz con el teclado-bajo y el fantástico solo de saxo de Cartwright. Continuamos con otra pieza conocida, “Ray” (10’42), también mucho más larga que la grabada en estudio. En la improvisación de saxo inicial, con una batería muy buena de apoyo, en los arreglos de guitarra y teclado-bajo y cello, en el solo de guitarra, etc…vamos notando como en esta formación, o por lo menos en esta actuación, hay un amor especial por las improvisaciones, los detalles y las partes más experimentales. Muy bueno el solo de cello de Cora.
Seguimos con “Shoats” (6’39), en una adaptación más larga y muy diferente de las que ya hemos escuchado. Hasta casi el final no reconocemos la melodia original, y en general, la banda utiliza esta pieza directa de jazz rock como excusa para improvisar a su aire. Seguimos con “Barking” (3’00), que no pertenece al concierto de Berlín, sino que fue grabado en marzo de 1987 en un concierto en el CBGB’s de Nueva York. Es un buen tema, que consiste en una gran base de cello con el saxo paseando sobre ella.
Otro clásico que podemos escuchar es “Mink’s Dream” (5’38), también más larga que las versiones anteriores y realmente buena. Una melodia pegadiza, interludios “zornianos”, interesantes duelos entre el saxo y la batería y el saxo y el cello, utilizado como si de un contrabajo se tratara. ¡Genial!. Impresionate también resulta la combinación de “Agitar/The Victim/Improvisation/Oklahoma” (16’40), que durante más de un cuarto de hora nos deleita con una demostración de fuerza, originalidad y virtuosismo, repleto de solos de saxo (me quedo sobretodo con el solo lento y profundo de saxo tenor, rodeado de un teclado misterioso) y cello, cambios de ritmo, improvisaciones, etc...Uno de los mejores momentos en la discografía de la banda. La siguiente piezas son "The Four Scars" (6'13), que tiene una bonita introducción de saxo que poco a poco nos adentra en los terrenos de la improvisación y el free jazz, "To The Summer in Our Hearts" (4'03), con una melodia muy pegadiza y una fantástica interacción entre la guitarra y el cello, "Bringing It All Backbone" (8'50), otra gran improvisación colectiva con un ritmo obsesivo de guitarra, detalles de órgano y un sinfín de efectos y desvarios, y para terminar la versión del clásico "Feelin' Good" (2'30), que ya conociamos de "North America".
En este momento, la banda se centra en tocar en directo y hasta tres años después no regresan al mercado discográfico, con otro de sus grandes trabajos.


"Bee" se graba entre julio y noviembre de 1990. En la formación permanecen George Cartwright, Tom Cora, Davey Wiiliams y Pippin Barnett, pero el teclista Wayne Horvitz ha sido sustituido por la fantástica bajista Ann Rupel. El disco se abre con "The March" (2'57), subtitulada con el nombre de "Ornette Went To Mile's House and They Didn´t Get Along". Es un buen comienzo, con una melodía pegadiza muy del estilo de la banda, un buen solo de saxo y una bonita parte de cello con algunos acordes de guitarra apoyándolo. Un buen ritmo de bajo nos adentra en "St.Croix" (5'02), que se compone de una melodía de saxo festiva, de aires africanos, y una parte central improvisada donde destacan sobretodo la guitarra y la batería. "Jim (to the James River) (4'48), es una pieza de Tom Cora donde el cello es impresionante, tanto en los momentos en los que forma parte de la sección rítmica como a la hora de acometer el maravilloso solo central o el apoteósico final, mientras que Cartwright se encarga de la melodía central. Continuamos con "It Must be a Sign" (7'05), que comienza con una parte experimental con la guitarra y el cello como protagonistas, que da paso a la melodía de saxo principal, lo que nos adentra en un ambiente cinematográfico primero, y en otro más alegre después. Me encantan los fraseos de guitarra en la segunda estrofa y el solo de saxo, así como el final "free", también protagonizado por Cartwright. El siguiente tema, "To The Summer in Our Hearts" (10'13) se grabó en Colonia, Alemania, durante una gira en 1990, y supera con creces a la versión que pudimos escuchar en el álbum "Live in Berlin". Comienza con una melodía cadenciosa de saxo y cello, que da paso a un maravilloso solo de guitarra, en el que Williams alarga las notas, resultando bastante paranoico, apoyado por Tom Cora. Después de más de tres minutos de solo, el cello introduce de nuevo el tema central y entra el solo de saxo, aunque Cora sigue haciendo de las suyas en un segundo plano. El final es una maravilla, con el cello y el saxo desvariando. ¡Increible!. Continuamos con otra obra maestra, "Saint Dog" (7'01), que lo tiene todo: un bello inicio de cello, una sección rítmica fuera de lo común, una de las mejores melodías compuestas por Tom Cora en su carrera, y sendos solos de saxo y guitarra, ambos sobresalientes. Otra de las mejores piezas de Curlew es "The Hard Wood" (6'56), que poco tiene que ver con la improvisación del mismo nombre que la banda interpretaba en su primera época. Además de una sección rítmica sobresaliente, con el cello formando parte de ella, tiene uno de los mejores solos de saxo que Cartwright ha grabado, de más de tres minutos de duración, y con una base de cello impresionante. Cora también tiene espacio para un bonito solo. Para colmo, le toca el turno a "The March (reprise)"(4'59), una versión del tema inicial, con un ritmazo de bajo casi funky y toda la banda acelerada. Es increible como se van mezclando los instrumentos y la intensidad que alcanzan en la primera mitad de la pieza, hasta que llega el solo de cello, que cuenta con un gran apoyo del bajo y la guitarra.


Continuamos con la pieza de Tom Cora, "Rudders" (4'19), que formaba parte del repertorio de la banda desde sus comienzos (podemos escuchar una versión en directo en su primer álbum). Tras una introducción con un pizzicato de cello y efectos varios, Cora y Cartwright esbozan una melodía alegre, seguida de interludios de guitarra y cello. Este bonito tema va seguido de otro bastante desenfadado, "Gary Brown" (4'26), con un buen ritmo y una fantástica melodía de saxo, con un solo de guitarra final. De esta manera llegamos a otro de los grandes momentos del disco, "Kissing Goodbye" (5'52), grabada en directo en Colonia en 1990. Comienza con un alegre ritmo de violonchelo y una melodía de saxo al más puro estilo Curlew, que da paso a un gran solo de saxo con un acompañamiento impresionante de Tom Cora, para después efectuar uno de los mejores solos de cello de su carrera. Casi tres minutos repletos de dramatismo e intensidad. ¡Precioso!. Para terminar, una curiosa versión de "As You said" de Cream, con Ann Rupel a la voz, bien acompañada por la guitarra rítmica de Davey Wiiliams. Así termina uno de los mejores, sino el mejor (depende del momento me cuesta decidirme), álbum de Curlew.
El 23 de marzo de 1991, Curlew presenta en directo su último trabajo, "Bee", en la Knitting Factory de Nueva York (quizás el local que más bandas del Downtown albergó, y que llegó a ser tan importante que al sonido característico de este tipo de música se le ha denominado "Knitting factory Sound"). Este concierto fue grabado y editado en VHS, pero afortunadamente el sello Cuneiform lo ha reeditado en DVD acompañando al siguiente álbum de la banda, "A Beatiful Western Saddle", que aunque llevaba gestándose desde 1989, no se publicó hasta 1993. En esta actuación, Curlew interpreta 8 de los 12 temas de "Bee", más el clásico"Moonlake" y un nuevo tema compuesto por Ann Rupel, titulado "Gimme". Estamos ante una actuación maravillosa, de la que es una de las mejores formaciónes que Curlew ha tenido nunca. El solo de saxo de "Moonlake" (11'28) , con Ann Rupel increible al bajo, y el posterior duelo guitarra-bajo-saxo, el solo de chelo de "Jim (To The James River)" (6'03), la lucha entre la guitarra y el bajo en "Saint Croix" (5'46), el original solo de Davey Williams en "To the Summer In Our Hearts" (12'31), o la gran actuación de George Cartwright en "It Must be A Sign" (9'44) , son sólo algunos ejemplos de la grandeza de esta banda a la hora de actuar en directo. El Dvd se completa con una actuación en Washington el 9 de diciembre de 1991, en el D.C Space, con la vocalista Ami Denio, como invitada para interpretar algunos de los temas de su siguiente álbum. Antes de comentar nada de esta actuación, vamos a hablar del álbum en cuestión, "A Beatiful Western Saddle".


Como ya hemos comentado, comenzó a planearse en 1989, a partir de la admiración que Cartwright sentía por los textos del poeta Paul Haines (algunos lo conocereís por su participación en los discos de Carla Bley, "Escalator Over the Hills" o "Troppic Apetites"), y por el interés que la banda tenía por trabajar con partes vocales. De esta forma, en 1992, Curlew graba los 14 temas que conformarían el álbum, con la misma formación que "Bee", mas la vocalista Amy Denio, siendo publicado por Cuneiform en 1993. El disco se abre con "Let's Sit Right Down/The Passing" (4'05), que comienza con varias voces cantando, dando paso después a una sencilla y pegadiza melodía de saxo. Le sigue "Such Credentials as Have Become Pseudonym" (2'41), la única pieza compuesta por Ann Rupel, y una de las mejores del disco. Tom Cora y Davey Williams están fantásticos y el ritmo me encanta, al igual que las partes vocales y de saxo, algo paranoícas. Continuamos con una de las melodias más bonitas y optimistas del álbum, la de "Poem For Gretchen Ruth" (3'54) y con la inquietante "All's Well That Ends (Excerpt)" (4'27), en la que Tom Cora nos deslumbra con su violonchelo, tocándolo tanto pellizcado como con arco. Más desenfadada resulta "Peking Widow" (4'24), donde la melodia vocal es demasiado inocente, y el saxo hace un buen trabajo, aunque suena de forma muy convencional. De repente, comienza "The Prince" (3'20), una joya con ritmo de tango perfectamente interpretada por Amy Denio y con el cello en primera línea. ¡Genial!. Mucho más misteriosa resulta la única composición de Amy Denio en este trabajo, "What is Free to a Good Home?-For Robert Wyatt" (5'07), donde destaca un buen solo de saxo, con acompañamiento de cello y voces. "Still Trying" (3'55) también es bastante oscura, y a la vez melódica. Contiene una maravillosa parte instrumental, donde la sección rítmica y el cello están impresionantes. Seguimos con "Breakfast" (3'25), una pieza que me resulta excesivamente facilona y carente de interés, que da paso a la increíble "Today" (3'26), con una melodía bellísima de voz y cello y un solo de guitarra precioso. El siguiente tema es "Song Sung Long" (4'14), el único compuesto por el guitarrista Davey Williams, y que consiste en una extraña melodia vocal, con el cello acompañándola. Buen papel de Cartwright al saxo y naturálmente, de Williams a la guitarra. La recta final del disco me resulta algo aburrida. "Human Weather Words" (4'40), comienza muy bien, con una melodia vocal inquietante y realmente preciosa, pero desemboca en una segunda parte más pop. "Now Can You Tell Me or Can it Still Be Told" (4'15) tampoco me parece demasiado interesante, aunque me gusta mucho el solo de saxo, y "Paint Me! (5'30), poema dedicado al presidente de los Estados Unidos de América, me parece muy repetitiva y aburrida, ya que consiste en una especie de mantra repetido hasta la saciedad, aunque por momentos resulta interesante.
En definitiva, este es un disco atípico de Curlew. Cuando lo compré me decepcionó un poco, sobretodo por el hecho de que tenía algunos temas muy facilones, faltos de fuerza, pero poco a poco me fue convenciendo más y más, y aunque no es de mis discos favoritos de la banda, sí tiene algunas de las mejores composiciones de su carrera. Además, resulta interesante la forma en la que se ha dotado de musicalidad a los poemas de Paul Haines, y lo bien que los interpreta Amy Denio.
Como hemos comentado anteriormente, en el Dvd que acompaña a la nueva edición de Cuneiform de este disco, aparte del concierto del 23 de marzo en la Knitting Factory, aparece también una actuación de la banda el 9 de diciembre en el D.C.Space de Washington, con la participación de Amy Denio, ya que se presentaban algunos de los temas que después aparecerían en "A Beatiful Western Saddle". Es en el primer set donde se interpretan los temas vocales, y es realmente increible.En las piezas que más me gustan de "A Beatiful Western Saddle", noto menos la diferencia entre las versiones de estudio y las interpretadas aquí en directo, como "Today" (4'41), con Williams realmente genial, "The Prince" (2'54), "Poem for Gretchen Ruth" (4'46), que añade un buen solo de batería, sobre el que Amy Denio y Davey Williams se marcan un bailecito gracioso o "Such Credentials As Have Become Pseudonym" (2'33), pero en las piezas que no me llamaban tanto la atención en el disco, sí encuentro una gran mejoría. Es el caso de "What is Free to a Good Home" (6'06), que es todo un espectáculo en directo, "Now Can You Tell Me or Can it Still Be Told" (3,55), o incluso en "Paint Me!" (2'59), que al ser más corta resulta más interesante. En el segundo set, la banda interpreta una larga y buena versión de "To The Summer in Our Hearts" (16'13), y otra de "The Hardwood" (8'16), que es otro de los mejores momentos de la actuación.
Y aquí termina la primera parte de este artículo dedicado a Curlew. Poco después de la publicación de “A Beatiful Western Saddle” en 1993, Tom Cora deja la banda y sigue trabajando en muchísimos proyectos diferentes, como había hecho mientras militaba en la banda de George Cartwright. Desgraciadamente, Cora falleció a la edad de 44 años,en París, a causa de un melanoma.



Francisco Macias